Lo esencial para situarte antes de ir
- Tipo de paisaje: media montaña con monte abierto, robledales y áreas de pasto.
- Protección: es una ZEC dentro de la Rede Natura 2000, con 5.458 hectáreas.
- Ámbito: se reparte entre A Lama, Cerdedo-Cotobade, Forcarei y Beariz.
- Ruta más útil: el PR-G 135, de 7,1 km y unas 2 horas y 45 minutos.
- Lo mejor de la salida: el Mirador das Tres Rías y el tramo de Santa Mariña.
- Perfil de visita: ideal para senderismo tranquilo, aunque conviene ir con calzado y agua.

Una sierra de media montaña con identidad propia
Yo la leería como un territorio de transición: no tiene el dramatismo de las grandes cumbres, pero sí una combinación muy gallega de monte, ganado, bosque y viento. Según la Xunta, este espacio está reconocido como ZEC dentro de la Rede Natura 2000, y eso ya da una pista clara de su importancia: no es solo un paisaje bonito, es un mosaico natural que merece conservación.
En la práctica, la zona se extiende por A Lama, Cerdedo-Cotobade, Forcarei y Beariz, con 5.458 hectáreas que funcionan casi como un corredor de montaña entre Pontevedra y Ourense. Esa escala explica por qué la visita se siente amplia sin obligarte a una travesía larga: basta una ruta bien elegida para captar su carácter.
Si esperas una sierra espectacular en sentido alpino, quizá te parezca discreta; si buscas una Galicia más abierta, ventosa y auténticamente rural, aquí empiezas a entenderla. Y justo por eso conviene mirar también lo que protege y no solo lo que se ve desde la carretera.
Por qué conserva tanto valor natural
Lo que más me interesa de este lugar es la mezcla de hábitats. En la documentación oficial aparecen estanques temporales, brezales húmedos y secos y matorrales de tojo; dicho en lenguaje llano, el paisaje no es uniforme y eso multiplica las posibilidades de vida. Un brezal, por cierto, es ese monte bajo dominado por brezos y tojos que, bien gestionado, tiene un enorme valor ecológico.
También hay manchas de robledal y zonas abiertas donde las aves encuentran alimento y refugio. Turismo de Galicia destaca la presencia de rapaces como el aguilucho pálido y de aves forestales, y esa combinación de campo abierto y bosque explica por qué la sierra funciona tan bien para observar naturaleza sin salir de una ruta relativamente accesible.
- Brezales y matorral: aportan refugio y diversidad, aunque visualmente parezcan simples.
- Robledales: son la parte más “forestal” del conjunto y ayudan a estabilizar el ecosistema.
- Zonas húmedas temporales: son pequeñas, pero muy sensibles; en ellas el agua no está siempre presente y por eso concentran especies adaptadas a ciclos cortos.
- Espacios abiertos: permiten ver aves y leer el relieve con mucha claridad.
En otras palabras, aquí la naturaleza no está aislada del uso humano: convive con pastos, pistas, capillas y huellas de actividad tradicional. Y esa convivencia es precisamente lo que conviene aprovechar con criterio cuando planificas una ruta.
La ruta más útil para conocerla sin ir a ciegas
Si solo fuera a hacer una salida, yo elegiría el PR-G 135 Roteiro da Escuadra. Es el recorrido más claro para entender el paisaje sin meterte en una excursión larga, y además resume muy bien la personalidad del entorno: monte de media montaña, pastos, bosque y un mirador que justifica la parada.
| Aspecto | Dato útil |
|---|---|
| Inicio recomendado | Área recreativa de Santa Mariña, en A Lama |
| Final | O Peso |
| Longitud | 7,1 km |
| Duración estimada | 2 horas y 45 minutos |
| Dificultad | Media-alta |
| Tipo | Pequeño recorrido |
| Lo más llamativo | Mirador das Tres Rías y paisaje de robledales, pinos y pasto |
| Acceso | Desde Ponte Caldelas, por la PO-532, PO-234 y PO-235 hasta Barcia |
| Extra práctico | Apto para bicicleta y caballo |
Lo que hace buena esta ruta no es solo su longitud, sino el ritmo. Empieza en Santa Mariña, donde la capilla convive con el parque eólico, y va ganando interés a medida que subes hacia el Mirador das Tres Rías. En días despejados, la panorámica puede llegar a abrirse sobre las tres rías de la provincia de Pontevedra, que es exactamente el tipo de recompensa que convierte una excursión correcta en una salida memorable.
Si vas con poco tiempo, no intentes abarcarlo todo; esta sierra se disfruta más cuando aceptas su escala y caminas con pausa. Y esa pausa depende mucho de la época y del equipamiento con el que salgas.
Cuándo ir y qué llevar para aprovecharla de verdad
Yo la visitaría en primavera u otoño. En esos meses suele haber mejor equilibrio entre temperatura, luz y visibilidad, y el paisaje responde mejor a los cambios de color y a los contrastes del monte. En verano puede apretar el calor en los tramos abiertos; en invierno, el viento y la humedad hacen que la ruta se sienta más exigente de lo que parece sobre el papel.
Para una salida de 7,1 km con dificultad media-alta, no me la jugaría con una mochila mínima. Llevaría lo siguiente:
- Agua: al menos 1 litro por persona; si hace calor, mejor 1,5 litros.
- Calzado con agarre: la mezcla de pista, tierra y zonas expuestas pide suela fiable.
- Cortavientos o chaqueta ligera: en la sierra el aire cambia la sensación térmica con rapidez.
- Mapa descargado o GPS: útil si quieres afinar accesos y no depender de cobertura.
- Algo de comida sencilla: una fruta, frutos secos o un bocadillo evitan ir con demasiada prisa.
También me parece sensato salir con margen de tiempo. Esta no es la típica ruta para improvisar y regresar en una hora: el paisaje pide paradas, y las paradas piden que no estés mirando el reloj cada cinco minutos. Con esa idea en mente, lo siguiente es casi igual de importante que el material: cómo comportarte allí para no deteriorar el sitio.
Cómo visitarla sin romper el equilibrio del paisaje
Los espacios de monte abierto se degradan más por acumulación de pequeñas malas decisiones que por un gran error aislado. Un atajo, un coche mal aparcado, un perro suelto cerca del ganado o una salida fuera de pista en una zona sensible pueden parecer detalles menores, pero se notan con rapidez en lugares como este.
- Qué haría yo: seguir el trazado marcado y usar las áreas previstas para empezar la marcha.
- Qué evitaría: salir del sendero en brezales y pastizales, donde la vegetación se recupera peor.
- Qué revisaría antes de salir: estado del tiempo, visibilidad y estado del camino si ha llovido.
- Qué respetaría siempre: cierres, ganado y silencio relativo en los tramos más abiertos.
- Qué no daría por hecho: que habrá servicios a pie de ruta; conviene llevar lo necesario desde el principio.
La norma más útil aquí es sencilla: trata la sierra como un espacio vivo, no como un decorado. Si haces eso, la visita gana en calidad y además entiendes mejor por qué este tipo de paisaje necesita más cuidado que una excursión urbana o una playa muy equipada.
Lo que yo me llevaría de una jornada aquí
Si tuviera que resumir la visita en una sola idea, diría que este monte enseña a mirar Galicia sin prisas. No hace falta una gran travesía para comprenderla: basta con una ruta bien elegida, una parada larga en el mirador y tiempo para observar cómo conviven bosque, pasto y relieve abierto.
- Una imagen clara: la de una sierra discreta, pero muy completa en paisaje.
- Una lectura útil: aquí el valor natural está en el mosaico, no en un único elemento estrella.
- Una decisión práctica: ir preparado, caminar con calma y no subestimar el viento.
Y si luego quieres cerrar el día con algo más que la caminata, la zona encaja muy bien con una comida tranquila de vuelta por A Lama o en la capital pontevedresa, sin convertir la salida en una excursión apresurada. Ese cierre, para mí, termina de hacerle justicia a un lugar que funciona mejor cuando se visita con mirada atenta.