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Mirador de As Penas de Matacás, la ventana al Cañón del Sil

Alexia Linares

Alexia Linares

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5 de mayo de 2026

El mirador de Matacas ofrece vistas espectaculares de un río serpenteante entre montañas verdes.
El Mirador de As Penas de Matacás es una de esas paradas que se entienden de verdad cuando uno llega al borde y ve cómo el Cañón del Sil se abre por completo debajo. Aquí te explico qué paisaje te espera, cómo llegar sin complicarte, qué exige la ruta PR-G 237 si prefieres caminar y cómo convertir la visita en un plan completo de naturaleza y gastronomía en la Ribeira Sacra.

Lo esencial para disfrutar de As Penas de Matacás sin perder tiempo

  • Es un mirador de gran amplitud, situado a más de 500 metros de altitud sobre las Peñas de Matacás.
  • La vista principal es el Cañón del Sil, con viñedos en bancales, laderas boscosas y los embarcaderos del valle.
  • Se puede llegar en coche desde Castro Caldelas en unos 15 minutos, con aparcamiento gratuito.
  • Si vas a pie, la opción clásica es la PR-G 237: 19,45 km, unas 7 horas y dificultad media.
  • Es mejor con buena visibilidad, porque en días claros el paisaje gana profundidad y se leen mucho mejor las capas del valle.
  • No es solo un mirador: funciona muy bien como excusa para unir senderismo, pueblo y mesa en una misma jornada.

Qué hace especial este mirador

Yo lo resumiría así: no destaca solo por la foto, sino por la lectura del territorio. Desde este alto se entiende muy bien por qué la Ribeira Sacra tiene ese carácter tan marcado entre montaña, viñedo y río. El Sil actúa aquí como una frontera natural y, al mismo tiempo, como una línea que ordena todo lo que ves: a un lado, las laderas y viñedos de Amandi; al otro, las riberas de Abeleda y el paisaje de Ourense.

La altitud, superior a los 500 metros, ayuda a que el panorama sea amplio y limpio, sin sensación de mirador “cerrado” o anecdótico. En días despejados, la vista se abre con mucha profundidad y permite distinguir no solo el cañón, sino también los embarcaderos y las terrazas de cultivo. Es de esos lugares en los que uno entiende rápido la idea de paisaje cultural: naturaleza, trabajo humano y topografía están mezclados de forma muy visible.

Si vienes por primera vez, no te fijes solo en el vacío del cañón. Detente un momento en las laderas escalonadas, en las masas de bosque y en el contraste entre la roca, el viñedo y el agua. Ahí está la gracia real de Matacás. Y esa lectura del paisaje es justo la que explica por qué merece la pena dedicarle más que una parada rápida.

Cómo llegar y cuándo compensa subir

La visita es bastante más sencilla de lo que parece. Según el Consorcio de Turismo de la Ribeira Sacra, desde Castro Caldelas se llega en unos 15 minutos por la OU-903 hasta Abeleda, tomando después el cruce a la derecha, siempre siguiendo la señalización. También indica que hay acceso en coche y bicicleta, además de aparcamiento gratuito, algo que lo hace práctico incluso si no vas a hacer la ruta completa.
Dato práctico Qué significa en la visita Mi lectura
Acceso en coche Trayecto corto desde Castro Caldelas Es la mejor opción si tienes poco tiempo o viajas en familia
Aparcamiento gratuito No necesitas buscar un parking de pago Facilita una parada espontánea durante una ruta por la zona
Altitud superior a 500 m Mayor amplitud visual y sensación de balcón natural Explica por qué las vistas tienen tanta profundidad
Acceso señalizado Menos margen para despistarse Aun así, conviene ir atento en los cruces pequeños

¿Cuándo ir? Si yo tuviera que elegir, buscaría mañana clara o última hora de la tarde. No porque el lugar cambie de forma espectacular según la hora, sino porque la luz lateral ayuda a distinguir mejor las terrazas, los bosques y la textura del cañón. Tras días de lluvia, en cambio, el paisaje puede aparecer más cubierto de bruma y perder contraste, así que la experiencia depende bastante de la visibilidad.

También conviene llevar calzado cómodo aunque vayas en coche. El mirador es accesible, sí, pero el entorno invita a bajar unos metros, acercarte a los bordes seguros y quedarte un rato. Y esa parte, en un terreno de piedra y tierra, se disfruta mejor con suela firme. Esa es la diferencia entre “ver” el lugar y aprovecharlo de verdad.

La ruta PR-G 237 si quieres caminar de verdad

Si lo tuyo no es solo asomarte y seguir, la PR-G 237 convierte la visita en una excursión con mucha más sustancia. El mismo organismo oficial sitúa esta ruta circular en 19,45 km, unas 7 horas de duración, dificultad media y un desnivel acumulado de 992 metros de subida y bajada. No es una caminata testimonial: es una jornada completa y exige llegar con algo de fondo físico.

La gracia de este sendero está en que no va solo al mirador, sino que enlaza paisaje agrario, aldeas y bosque. El recorrido pasa por Celeirón, por las laderas de umbría y solana, por soutos y sequeiros, y también por viñedos en terraza. Esa mezcla es muy representativa de la Ribeira Sacra, donde el esfuerzo humano se nota en cada tramo del terreno.

Hay un detalle que me parece especialmente bueno para el caminante: antes de llegar al mirador, el desvío al embarcadero de Abeleda ofrece una lectura distinta del entorno, más baja y pegada al río. Eso cambia mucho la experiencia, porque no ves solo el cañón desde arriba; también entiendes la escala real del paisaje desde abajo.

Si vas a hacer la ruta completa, te recomiendo tres cosas muy concretas:

  • Lleva agua suficiente, porque 7 horas de marcha no se improvisan.
  • Respeta la señalización, sobre todo en los tramos donde coinciden recorridos.
  • No subestimes el desnivel: la distancia engaña menos que la pendiente.

En otras palabras, la PR-G 237 no es el plan para “matar la mañana”; es la opción para quien quiere entender el lugar caminándolo. Y esa diferencia se nota desde los primeros kilómetros.

Mujer en el mirador de Matacas, contemplando el cañón y el río. El paisaje montañoso se extiende hasta el horizonte.

La panorámica que justifica la parada

Lo que más impresiona aquí es el contraste. Desde el mirador se leen, casi en una sola mirada, las laderas boscosas de Ourense, los viñedos escalonados de Lugo y el cauce del Sil como una línea que lo organiza todo. Ese tipo de vista no se agota en la postal; funciona porque tiene capas. Cuanto más miras, más entiendes.

En la derecha visual del observador aparecen los viñedos de Amandi, mientras que hacia la izquierda se despliegan las riberas de Abeleda. A sus pies quedan los embarcaderos de Ponte do Sil y Abeleda, que añaden una dimensión muy útil para quien quiera luego completar la jornada con un paseo fluvial o una ruta por la zona vinícola. Esa combinación de altura, agua y cultivo es lo que convierte el lugar en una referencia de naturaleza bien conservada y, al mismo tiempo, humanizada.

Yo aquí evitaría la visita exprés de “hago una foto y me voy”. Si el día acompaña, quédate unos minutos sin mover el móvil. Mira cómo cambia el color del valle, cómo se reconocen las terrazas y cómo el cañón se vuelve más o menos profundo según la luz. Es un sitio que gana cuando el visitante baja el ritmo.

Qué hacer alrededor para convertirlo en un plan de día

La visita a Matacás funciona mucho mejor cuando la integras en una ruta corta por Castro Caldelas y la Ribeira Sacra. El castillo de Castro Caldelas, el casco histórico y los caminos de viñedo forman un conjunto muy sólido para pasar el día sin sensación de ir encadenando paradas sueltas. A nivel de experiencia, eso importa más de lo que parece: un mirador aislado te da una imagen; un itinerario bien pensado te da contexto.

Si quieres sumar gastronomía, aquí sí encaja muy bien el estilo de Hotelleyton.es. Después de caminar o de hacer la parada panorámica, lo lógico es buscar cocina local sencilla y bien hecha: empanada gallega, pulpo, carnes de la zona, caldo o platos de cuchara cuando hace fresco. Con una copa de mencía o godello de la Ribeira Sacra, la salida gana coherencia. No hace falta complicarlo más: el paisaje y la mesa se entienden muy bien en esta parte de Galicia.

Mi recomendación práctica sería esta:

  1. Empieza en Castro Caldelas para ubicarte y tomar la referencia del terreno.
  2. Sube al mirador en coche si buscas una visita breve, o sal a pie si quieres una experiencia más completa.
  3. Reserva la comida para después, no antes: llegarás con más hambre y con más ganas de parar de verdad.

Ese orden parece simple, pero cambia la percepción del lugar. El paisaje se disfruta más cuando no vas corriendo hacia el siguiente punto.

Lo que yo no dejaría pasar antes de irme

Si solo te quedas con una idea, que sea esta: As Penas de Matacás no es un mirador aislado, sino una puerta de entrada a la Ribeira Sacra más auténtica. Tiene la foto, sí, pero también la escala, el relieve y la relación entre río y viñedo que hacen grande a esta zona. Por eso funciona tanto para una escapada breve como para una jornada de senderismo más seria.

Antes de irte, revisa tres cosas: la visibilidad del día, el tipo de calzado y el plan posterior. Con eso resuelto, el mirador deja de ser una simple parada y se convierte en una experiencia redonda. Y si además lo enlazas con un paseo por Castro Caldelas y una comida local, la visita queda mucho más completa que cualquier foto rápida al borde del cañón.

Preguntas frecuentes

Desde Castro Caldelas se tarda unos 15 minutos por la OU-903 hasta Abeleda, tomando después el cruce a la derecha y siguiendo la señalización. El acceso está habilitado para coche y bicicleta, y además hay aparcamiento gratuito, así que es una parada cómoda incluso si solo quieres una visita breve.

La PR-G 237 es una ruta circular de 19,45 km, con unas 7 horas de duración, dificultad media y 992 metros de desnivel acumulado. No es una caminata corta: conviene llevar agua, respetar la señalización y no subestimar la pendiente, aunque el recorrido recompensa con una lectura muy completa del paisaje.

La mañana clara o la última hora de la tarde suelen dar mejores resultados, porque la luz lateral ayuda a distinguir mejor las terrazas, los bosques y la profundidad del cañón. En días de lluvia o con bruma, el paisaje pierde contraste y se aprecia peor.

Lo más lógico es combinar el mirador con Castro Caldelas y luego rematar la jornada con comida local. El artículo sugiere encajar el plan con el castillo, el casco histórico y platos como empanada gallega, pulpo, carnes de la zona o caldo, acompañados por mencía o godello de la Ribeira Sacra.
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Autor Alexia Linares
Alexia Linares
Me llamo Alexia Linares y tengo 8 años de experiencia en el fascinante mundo del turismo y la gastronomía en Galicia. Desde pequeña, siempre he sentido una profunda conexión con esta tierra, sus paisajes y, sobre todo, su rica cultura culinaria. Me apasiona explorar cada rincón de Galicia, descubriendo no solo los platos tradicionales, sino también las historias que los acompañan. En mis escritos, me enfoco en ofrecer información útil y precisa, ayudando a mis lectores a comprender mejor la diversidad gastronómica de la región y las maravillas que el turismo gallego tiene para ofrecer. Me gusta comparar diferentes fuentes y seguir las tendencias actuales para asegurarme de que la información que comparto sea clara y accesible. Mi compromiso es brindar contenido que no solo informe, sino que también inspire a otros a descubrir la belleza y los sabores de Galicia.
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